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El segundo Cerebro


1 de agosto, 2020 Jessica Nasser

El sistema nervioso se divide en Central y Periferico pero desde un punto funcional se divide en Sistema Nervioso Somatico y Sistema Nervioso Autonomo.
El somático es a parte que responde y se relaciona con el medio ambiente externo, en cambio el autónomo esta relacionado con el medio interno como funciones de regulación y adaptación.

Si, leíste bien, en el tracto gastrointestinal se desarrolla un nuevo sistema nervioso que antes no teníamos identificado.
Su comunicación se lleva a cabo por el nervio vago y puede afectar en las transmisiones de los neurotransmisores como la serotonina conocida como la hormona de la felicidad, acetilcolina, dopamina, norepirefrina, GABA, oxido nítrico, y pepito intestinal vasoactivo.

La serotonina regula la digestión, mejora tus emociones evitando la depresión, afecta a tus ritmos cardiacos , regula el apetito, mejora tu sueño , y regula tu temperatura corporal. Tener niveles bajos de serotonina se ve realizando con los trastornos como esquizofrenia, trastornos obsesivo-compulsivo, depresión, agresividad, ansiedad, insomnio, fibromialgia e hiperactividad.

La dopamina regula el comportamiento, motivación, sueño, humor, y el aprendizaje. Un exceso de dopamina se ve relacionado con Parkinson, hiperactividad o esquizofrenia.
Por otro lado, la acetilcolina es la encargada de modular la motivación, excitación y la atención. Es clave para mantener la memoria y fomentar el aprendizaje, contracción muscular ( desde el corazón , sistema respiratorio y hasta nuestro intestino). Una falta de este neurotransmisor se ve relacionado con falta de aprendizaje, cansancio, y alzheimer.

GABA es el neurotransmisor de la calma y la relajación ayudando a reducir el estrés y ansiedad. También esta involucrado en la visión, sueño, tono muscular y el control motor. Una falta de este neurotransmisor se ve relacionado con autismo, bipolaridad, depresión, epilepsia, fibromialgia, meningitis, colitis ulcerosa, Parkinson, entre muchas otras enfermedades de tipo de demencia.

¿Cómo mantenernos sanos y felices?
El intestino es un órgano al que no se le da mucha importancia de la que merece, solamente cuando tienes un problema local como gases, colon irritable, colitis, etc. Pero,por ejemplo, no se le suele relacionar una alergia o una depresión.
Todas las funciones anteriores que hemos mencionado dependen de un intestino saludable.

¿Qué significa tener un intestino saludable?
Significa que debemos de tener suficiente y buena variedad de bacterias buenas en nuestro intestino, lo cual, se le llama Microbiota.
La microbiota es el conjunto de microorganismos que se encuentran en nuestro organismo; desde bacterias, virus, hongos, y levaduras.
Un desequilibro de esta microbiota se le llama “disbiosis”. La disbiosis intestinal podría contribuir a los trastornos psiquiátricos los cuales, ya platicamos anteriormente.

¿Que debemos de hacer para mejorar nuestra microbiota?
- Dieta alta en fibra como frutas y verduras.
- Consumir alimentos fermentados como el kefir, kombucha, miso, etc.
- Masticar lo suficiente para poder realmente tener una buena digestión.
- Tomar suficiente agua entre comidas.
- Llevar una alimentación saludable en general evitando comida procesada, alta en azúcar, grasosas saturadas, o conservadores.
- Evitar el exceso de consumo de lácteos, gluten, embutidos, alcohol, café, te negro y chocolate.
- Un consumo de probióticos como suplemento, se recomienda de dos a tres veces al año. Si estas en un tratamiento de antibióticos o consumes recurrentemente medicamentos se recomienda aumentar la suplementación.

Un estudio realizado por científicos franceses1, selecciono un grupo de voluntarios a los que se les dio probióticos,a lo largo de 30 días. Los resultados demostraron que los niveles de estrés psicológico ( depresión, ira, hostilidad, ansiedad), mejoraron significativamente.
Evita todo aquello que cause inflamación celular e intestinal:
- Medicamentos como antibióticos, anticonceptivos o antiinflamatorios.
- Dietas altas en carbohidratos refinados, azúcar o procesados.
- Dietas baja en fibra ( frutas y verduras).
- Dieta alta en gluten o caseina.
- Consumo de alcohol o cafeína.
- Estrés crónico
- Falta de sueño o no descansar lo suficiente.

¿Eres de esas personas que se pone de mal humor cuando no come?
Este es uno de muchos ejemplos en el que podemos darnos cuenta que nuestro intestino esta conectado con nuestras emociones y por ende con nuestro cerebro.
El pasar hambre provoca estrés librando la hormona del cortisol, inhibiendo nuestro sistema parasimpático ( el que nos mantiene relajados) haciendo que nos sintamos con ansiedad, enojo, ira, des-concentrados, etc.


¡Dejemos de contar las calorías y contemos los nutrientes!


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